Corporación Red País Rural

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El molino No. 10

Editorial
Bulto de sal
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Bulto de sal

Hace tiempo vivía un hombre que tenía mala suerte, la peor de las suertes. Tenía tan mala suerte que en los pocos días de verano, cuando salía de su casa, una nube venía a situarse sobre su cabeza y se ponía a llover, sólo para él. Todos sus conocidos, porque amigos no tenía, tal era su suerte, lo llamaban BULTO DE SAL, lo que con el uso se había convertido en su nombre: Bultoesal.

A fuerza de desagracias y sin sabores comenzó a preguntarse por las raíces de infortunio y se le ocurrió que la culpable de todo era su madre. Es una tendencia muy humana y particularmente masculina, esa de culpar a la madre de todos los males y Bultoesal no era la excepción. Se fue a ver a su señora madre y le pregunto qué era lo que ella había hecho mal para que su suerte fuera tan negra. ¡No señor!, Le respondió la honorable mujer. Hasta donde yo sé todo, lo hice bien. Además no lo hice sola, su papá y yo todo lo hicimos bien. Mejor dicho: Si usted quiere averiguar por qué tiene tan mala suerte lo que tiene que hace es hablar con Dios o con el destino. Como es tan difícil hablar con el destino, Bultoesal se fue hablar con Dios.

Apenas había dado sus primeros pasos en el camino hacia Dios, cuando se encontró con un lobo. No era un lobo como esos que aparecen, tan a menudo, en los cuentos. Este era un pobre lobo hambriento, todo pellejo y huesos, mueco que más que miedo producía lástima. Al ver pasar a Bultoesal, el lobo se atrevió a preguntarle para donde iba, a lo que Bultoesal respondió que iba a hablar con Dios. Si lo encuentra por favor pregúntele cómo puedo saciar mi hambre, pidió el lobo. Así lo haré, respondió nuestro hombre y siguió su camino en busca de Dios.

Al cabo de un trecho, Bultoesal pasó frente a una casa donde había una joven que, con la mirada clavada en el suelo, no paraba de llorar y sollozar. La muchacha lo vio, y entre lágrimas y sollozos, le pregunto quién era y a donde se dirigía. Soy un hombre que tiene mala suerte, respondió Bultoesal. Y voy hablar con Dios para que me dé una explicación. Si lo encuentras pregúntale que puedo hacer para no estar tan triste, imploro la joven. Así lo haré, concluyo Bultoesal y sin siquiera pensar en despedirse, siguió.

Más adelante, al lado de un río, había un árbol que en lugar de tener sus ramas erguidas hacia el cielo, las dejaba caer hacia el agua del río. Cuando Bultoesal paso a su lado, el árbol le preguntó de de dónde venía, quién era y para dónde iba. Vengo de mi cuidad, soy un hombre que tiene mala suerte y voy hablar con Dios, respondió el malaventurado. Si lo encuentras pregúntale como puedo calmar mi sed, rogó el árbol. No lo olvidaré, dijo Bultoesal y apurando el paso se alejo.

Después de mucho caminar se encontró con Dios. Le hizo las tres preguntas que le habían encargado, escucho las respuestas y ya se disponía a irse cuando, en un instante de suerte hablando con Dios, eso le pasa a cualquiera, se acordó de su asunto y le pregunto porque él tenía tan mala suerte. Tu tienes mala suerte porque tu te lo haz buscado, respondió Dios y desapareció.

Bultoesal se quedó desconcertado y maldiciendo su suerte, exclamó: tenía que ser yo para que me ocurriera algo tan nefasto y desafortunado. Voy hablar con Dios y me dice que yo mismo soy la víctima y el culpable de mi infortunio, eso sí que es tener mala suerte.

De regreso a su cuidad se encontró con el árbol que le pregunto que le había dicho Dios.

Dios dice que allí donde tus ramas deberían encontrar el agua, hay un baúl escondido lleno de oro y el oro, que puede traer alegría a los hombres, resulta venenoso para los árboles.

¿No quieres cavar y sacar ese baúl para ti?

¡Nooooo! Yo tengo tan mala suerte que si me pongo a cavar, no lo encuentro. Si lo encuentro, resulta que ya no hay oro. Si de pronto hay oro, le resulta dueño. Y si no, entonces capaz que aparecen unos ladrones y me matan por quitármelo, mejor dejémoslo allí.

Más adelante se encontró con la joven que seguía sumida en su desgarradora melancolía, y:

¿Tienes alguna respuesta de Dios a mi pregunta?

Dios dice que debes buscar compañía en el primer hombre amable que pase frente a tu casa.

La joven miró a Bultoesal y, con una hermosa sonrisa en los labios, le preguntó si estaría dispuesto a acompañarla.

¡ Ni que estuviera loco!, Respondió Bultoesal.

Si me quedo contigo, con la suerte que tengo, de pronto me enamoro y luego tu te aburres de mí y me abandonas. O te enamoras de otro hombre y me engañas. O te mueres primero que yo y me dejas solo.. ¡
es mejor que dejemos las cosas como están!.

Siguió con su camino y se encontró con el lobo aquel, que al verlo le pregunto que había dicho Dios.

Dios dice que debes comerte al primer imbécil que pase. Sí, justamente eso, lo que ustedes están pensando, fue lo que ocurrió.

Desde entonces los lobos comen hombres.

Publicación realizada por el Proyecto DFID Colombia

DFID Colombia   Embajada Británica   Pronatta   Ministerio de agricultura

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