Corporación Red País Rural

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El Molino No. 13

A,B,C, del desarrollo sostenible

Gabriel Romero Caicedo Miembro de la Fundación para el Desarrollo Agrícola Sostenible y protección del Medio Ambiente, FUNDAMA

En la reunión de los nodos Orinoquía Norte Amazónico realizada el pasado mes de febrero en Villavicencio, se planteó la conveniencia de hacer una contextualización respecto del Desarrollo Sostenible para entender los conceptos que pueden ser ejes orientadores de nuestras acciones y como uno de los criterios de partida para el fortalecimiento de la Red de Desarrollo Tecnológico y Fortalecimiento Institucional para la Pequeña Producción Agropecuaria.

El desarrollo es una palabra muy amplia que generalmente está ligada a factores cuantitativos y por ello se relaciona casi siempre (únicamente, a decir verdad) con lo económico, sin tener en cuenta lo social y lo ambiental que pueden ser solo cualitativos.

Con el ánimo de iniciar esta tarea, me propongo entregar a través de El Molino, nuestro boletín, algunos elementos de juicio tomados de diferentes lecturas y discusiones. Y además los invito a participar y a propiciar la discusión para que al final tengamos nuestro propio juicio al respecto, que debe ser uno de los referentes en el propósito común de construcción de región.

En los años sesenta del pasado siglo la frase de moda era Desarrollo Tecnológico, que luego fue cambiándose hacia Tecnologías Apropiadas y después a Tecnologías Alternativas. En 1987 aparece en forma concreta la frase “Desarrollo Sostenible” en un informe de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, de la Organización de Naciones Unidas, ONU, denominado originalmente como “Our Common Future” (Nuestro Futuro Común), pero que se conoce como el Informe Brundtland, en honor a su recopiladora.

La Señora Gro Harlem Brundtland, dedicada a actividades políticas en Oslo, Noruega, llegó a ser Primera Ministra de su país y luego pasó a la ONU a dirigir la Comisión de Medio Ambiente, desde donde dirigió la elaboración de un reporte sobre el ambiente en el mundo. A partir de este informe es que hace carrera en todos los ámbitos la palabra sostenible.

Debe tenerse en cuenta que por esos años, las potencias mundiales estaban polarizadas y aún se planteaba la guerra fría, lo que también originaba diferentes interpretaciones de tecnología, de desarrollo y, lógicamente, de sostenibilidad. Hoy, la economía está globalizada.

El Informe Brundtland

El Informe Brundtland, que hizo famosa las palabras “desarrollo sostenible”, lo define como “aquel desarrollo que satisface las necesidades de las presentes generaciones sin comprometer la habilidad de las futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

Según las circunstancias se dan diferentes interpretaciones de la definición, pero Naciones Unidas sugiere que esta definición lo que pretendió fue sugerir “cambios en el acceso a los recursos y en la distribución tanto de costos como de beneficios”. En una mirada a largo plazo, futurista, esto quiere decir que en el cálculo de los costos y beneficios del desarrollo actual, deben estar presentes las futuras generaciones. Pero pensemos en el consumo del petróleo, energía fósil, que para el actual desarrollo estamos consumiendo en grandes volúmenes, con cálculos de su pronto agotamiento; todo parece indicar que en este caso no estamos pensando en las generaciones próximas. Y así puede haber otros ejemplos. La pregunta entonces podría ser: ¿para no comprometer el desarrollo de futuras generaciones, debemos disminuir, incluso frenar, el consumo de aquellos recursos no renovables?.

El Informe se centra en el Desarrollo, haciendo uso de estrategias prácticas en búsqueda de un crecimiento renovado que permita satisfacer las necesidades básicas (alimentación, agua, energía, sanidad, trabajo); sustentar y si es posible, acrecentar los recursos básicos; reorientar las tecnologías y los riesgos asociados a ellas e incluir el medio ambiente dentro de los cál culos económicos. Además, todo esto lo liga, con cierta insistencia, a la urgencia de atender las necesidades de los pobres del mundo.

Un rápido análisis deja ver tendencias en conflicto. Para el ecologista nato parece muy bien que no se toque la naturaleza pues ponemos en peligro la vida de futuras generaciones. Para el economista es muy bueno que los costos sean compartidos. Para los pobres de hoy, el Informe no les soluciona nada. Para los países desarrollados el reporte es muy bueno mientras no se toquen sus estructuras económicas, sociales y políticas. Además, para esa década de los ochentas en que se escribió el Informe, la globalización de la economía apenas estaba armándose y el mapa mundial era otro.

Indicadores de Desarrollo Sostenible

Cuando se habla de indicadores, lo que tratamos de hacer es asignar o definir un referente que nos permita “cuantificar” si se presentan cambios respecto de una situación determinada. La continuidad en la medición o cuantificación de esos cambios dirá si el proceso (desarrollo) es sostenible. Para algunos analistas la definición de Desarrollo Sostenible presentada en el Informe Brundtland, implica que todos los recursos sean preservados, en otras palabras, que los recursos naturales agotables no sean tocados pues deben preservarse para futuras generaciones; pero esto generaría un círculo vicioso pues cada generación estaría pensando en la que viene y así sucesivamente. Para aclarar este dilema se ha propuesto que los recursos consumibles se tienen que regenerar, e incluso que se sustituyan. Veamos entonces la propuesta de algunos autores en 1990: “El desarrollo económico en un área específica es sostenible si la reserva local total de recursos no decrece con el tiempo”. Dentro de este orden de ideas la tala de los bosques naturales es admisible si a la par se está sembrando al menos un nuevo árbol por cada uno talado, pues así la explotación de ese bosque sería sostenible.

Pero quedan preguntas de este estilo: ¿cómo cuantificar en forma precisa los recursos y su impacto (positivo o negativo) sobre el medio?, ¿cómo incentivar a las comunidades más pobres para que inviertan en sostenibilidad?. Estas y otras preguntas requieren de respuestas objetivas, no sesgadas por la disciplina del investigador ni los intereses de la institución u oficina.

Para obviar estas dificultades algunos analistas sugieren que “La sostenibilidad requiere de una decisión política que debe ser continuamente ajustada, como resultado de los nuevos conocimientos, los cambios en los requerimientos sociales, o los desarrollos imprevistos en los sistemas económicos y ecológicos”.

Otros autores consideran que los indicadores “pueden ser definidos como descriptores cuantitativos de los cambios (efectos) tanto en las presiones ambientales (causadas por el hombre) como en el estado del medio ambiente”. Según esto, un indicador de presión debe incluir la medida de la contaminación, de la sobreexplotación y de los cambios inducidos por el hombre sobre los ecosistemas; todo esto referido a cambios específicos en zonas específicas. Y un indicador de efecto lo que hace es cuantificar el efecto del cambio en la calidad ambiental sobre el hombre (salud y/o bienestar) y sobre la biósfera.

Pero también se han planteado indicadores retrospectivos e indicadores predictivos, aparentemente muy útiles para la planificación del desarrollo.

Es notorio que todos los autores apuntan a unos indicadores fruto de la relación entre economía y ecología, como referente para los que tienen que tomar las decisiones. También es notorio que la discusión ha sido enriquecida principalmente por las propuestas de los economistas. Y en todo caso hay un común denominador: priman los conceptos economicistas sobre las necesidades de la humanidad.

La perspectiva de los países en desarrollo

La actual política de desarrollo de Colombia está enmarcada den tro de la llamada globalización de la economía, siendo el mismo caso en la casi totalidad de países en desarrollo. Esta política ha despertado recelos en estos países, “caracterizadamente pobres” y ha dado pauta para recordar que el Informe Brundtland hizo hincapié en “que se debe dar prioridad especial al concepto de necesidad, en particular a las necesidades esenciales de los pobres del mundo”.

En casi todos los foros mundiales y regionales, sus voceros critican el uso y abuso de la palabra “sostenibilidad”, por falta de rigor y objetividad, por no tener en cuenta las “contradicciones” que el desarrollo pueda tener sobre la sostenibilidad ambiental y por lo tanto sobre la humanidad.

Hay autores que han planteado un análisis histórico de las relaciones entre desarrollo y medio ambiente, con miras a encontrar y estudiar las limitaciones de aquellos enfoques del desarrollo en términos exclusivamente económicos. A manera de ejemplo, citan las culturas precolombinas, las cuales seguramente entenderían el desarrollo sostenible de otra manera, aunque en sus contactos tribales intercambiaran “bienes y servicios”, pero con criterios de bienestar social y de respeto por el medio en que vivían.

Para analistas de estos países, el desarrollo dentro del contexto de globalización, ha significado la importación de capitales y la exportación de recursos naturales en forma de materias primas, que luego regresan con un valor agregado y altos costos para sus originales dueños, además de costos ambientales.

Aunque el Informe Brundtland pareciera amarrar desarrollo y sostenibilidad, en la perspectiva de los países en desarrollo el medio ambiente no es el factor fundamental, que por sí solo hace que el desarrollo sea sostenible. Hay factores sociales y políticos que seguramente deberán tenerse en cuenta para delinear su propio desarrollo.

Etica ambiental

Para la mayoría de los ambientalistas el factor clave en el desarrollo sostenible es la protección del medio ambiente. Para el común de la gente que no ha leído el Informe Brundtland pero ha escuchado sobre él, el desarrollo sostenible es la preservación del medio ambiente.

El Informe Brundtland, dentro de su teoría de un futuro común, plantea dos metas: una es intensificar el crecimiento para satisfacer las necesidades de los pobres del mundo y la otra es evitar la degradación ambiental.

Desde el punto de vista de algunos analistas, éticamente estas metas no son conciliables, pues el Informe Brundtland tácitamente está planteando un crecimiento indefinido, sin referirse a unos límites naturales dentro de los cuales aparentemente debemos vivir.

Un argumento que se plantea es que para los países industrializados su desarrollo es investigación y avance tecnológico, lo cual genera riqueza, poder y comodidades, pero que lo hace a expensas de extraer el capital productivo y natural del planeta. De repeso, dicen estos analistas, los industrializados cobijan al 20% de la población mundial, mientras el otro 80% vive de una agricultura marginalmente sostenible y por ello, involuntariamente agresora de los ecosistemas frágiles en que generalmente deben asentarse. Para estos analistas éticamente hay contrasentido pues la economía globalizada como adalid del desarrollo, lo que promueve son patrones insostenibles de desarrollo.

Desde su óptica de la ética ambiental, plantean que “el vínculo de la economía y la ecología, perpetúa sistemas insostenibles de desarrollo”. Sin embargo, plantean que la economía es un asunto de conducta humana cooperativa para conservar y preservar los recursos naturales, no como un recurso, sino como la matriz común de la cual vivimos como parte de la naturaleza, los seres humanos.

En resumen, lo que proponen estos analistas es que el desarrollo como está concebido, conducirá a una catástrofe tanto para ricos como para pobres si no aprendemos a vivir dentro de los límites establecidos por la misma naturaleza.

 


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