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El Molino No. 14

El hombre en los ecosistemas

Es necesario conocer los ecosistemas estratégicos y la comunidad asentada o que se interrelaciona con estos, para concertar planes, programas o proyectos que promuevan cambios de actitud hacia la conservación, investigación y usos alternativos de la flora de estos ecosistemas.

Egna Yamile Barrero Díaz Directora Fundación YULIMA

Hoy en día sabemos que los ecosistemas no son el fruto del azar o de algún prodigio que gratuitamente hubiera podido darse en nuestro suelo, sino que son el resultado de la evolución biológica a través de miles de años. Así por ejemplo, la riqueza de especies vegetales del Cañón del Combeima, municipio del Ibagué, departamento del Tolima, está íntimamente ligada a la diversidad medio-ambiental del territorio colombiano.

Las necesidades de la población campesina han provocado la adopción de modelos de crecimiento económico que alteran las condiciones biológicas de los ecosistemas, además, las condiciones sociales, que permanentemente están ocasionando la ampliación de la frontera agrícola, no tienen en cuenta la ineludible necesidad de conservar y recuperar la complejidad biológica y la del entorno natural, lo que ha conllevado a la disminución de los bosques, la sobre explotación que se da a la zona de páramo con ganadería, y la deforestación por quemas o talas de especies abundantes y/o en vía de extinción; además de fenómenos de tipo erosivo propios de las condiciones biogeofísicas, lo que se configura como una amenaza de empobrecimiento y hasta desaparición definitiva de algunas especies vegetales y con ellas los animales que las habitan y el potencial genético, todavía poco explotado y más aún, desconocido.

El Combeima: un ecosistema estratégico

El Cañón del río Combeima se encuentra ubicado entre los 1.400 y los 4.200 m.s.n.m, en el costado centro oriental de la cordillera central; posee una condición ambiental regida por una complicada orografía, condiciones climáticas, fisiográficas y riqueza hídrica que hacen que esta zona presente variedad de paisajes y formaciones de vida que van desde el bosque muy húmedo premontano, hasta las nieves perpetuas en el nevado del Tolima; generando así los nichos apropiados para gran variedad de especies, resaltando el hecho de formar parte del Parque Nacional Natural Los Nevados, lo cual le configura como el mayor potencial ecoturístico del departamento.

En adición a lo anterior, el Cañón del Combeima puede considerarse un ecosistema estratégico por ser abastecedor de agua para consumo humano, riego, producción energética y regulación climática, además de ser productor de bienes y servicios ambientales.

La desaparición del bosque natural en Colombia se calcula en 600.000 hectáreas por año y con ellos la multitud de biodiversidad en especies animales, plantas y microorganismos que aún no se han clasificado o que ya están en vía de extinción en las diferentes unidades climáticas, como posiblemente ya está ocurriendo en la Cuenca del río Combeima.

Importancia de los ecosistemas

Entre las particularidades y usos más importantes de las especies vegetales que habitan los ecosistemas podemos mencionar: regulación del ciclo hidrológico, alimento humano y animal, sombrío, fuente dendroenergética, control de erosión, conservación de suelo, potencial medicinal, y floración llamativa, entre otras.

En cuanto a las especies animales (invertebrados y vertebrados de la zona) y las especies migratorias, las provee de albergue y alimento. Además de los usos potenciales aportados para la Biología, Medicina y Genética que están en el campo de las investigaciones pendientes a realizar.

A pesar que existen estudios técnicos sobre la flora de los ecosistemas estratégicos del país, estos se han convertido en insumo para técnicos y científicos y no ha facilitado ni el involucramiento de los aspectos sociales sobre usos y particularidades otorgadas por la comunidad a estas especies; como tampoco son un medio ágil y sencillo que hagan asequible esta información con fines prácticos y de conservación a la población asentada.

Por lo anterior, es necesario conocer los ecosistemas estratégicos y la comunidad asentada o que se interrelaciona con estos, para concertar planes, programas o proyectos que promuevan cambios de actitud hacia la conservación, investigación y usos alternativos de la flora de estos ecosistemas.

Los planes que se elaboren deberán brindar la oportunidad al joven campesino de aprehender sobre su medio natural de forma práctica, entendiendo la problemática local, mejorando el sentido de pertenencia y desempeñando un papel activo-participativo en el proceso educativo de impacto en la población local y los visitantes.

Se debe pensar en formar líderes ambientales para actuar en grupo y con posibilidad de generar ingresos trabajando en la protección del medio ambiente, sin tener que salir de su región en búsqueda de oportunidades laborales; esto con el fin de promover una nueva dinámica de desarrollo regional.

Capital Social para la conservación

Los planes, programas o proyectos de conservación deben proponer la construcción de capital social con los niños y jóvenes campesinos, en donde el Capital Humano esté dado por el aporte de los programas de formación; sensibilizándolos a partir del fortalecimiento de valores individuales, familiares, socales y medio ambientales, además de capacitarlos para que actúen como líderes ambientales organizados.

El Capital Natural deberá enfocarse en el reconocimiento, la protección de la biodiversidad y calidad ambiental de la zona; en tanto que el Capital Artificial tendrá que ser colectivo y comunitario haciendo uso de la infraestructura presente en la zona. Por último, el Capital Cívico e Institucional, deberá representarse en el apoyo de las instituciones.

De otra parte, los planes, programas o proyectos de conservación y recuperación, deben fortalecer el sistema educativo de las zonas rurales, siendo pedagógicos alternativos y paralelos a la educación formal; potencializando su accionar en las réplicas que realicen los jóvenes beneficiarios en su entorno escolar.

Los niños y jóvenes campesinos que se vinculen a los planes, programas o proyectos, terminarán promoviendo el respeto hacia el entorno natural, es decir, conservar, proteger y mostrar la zona rural de una manera sostenible. Así mismo, se debe pretender que el estudiante entienda y aplique las propiedades de su medio natural (relación de las especies con los ecosistemas), para poder permanecer en ellos y usarlos de manera sostenible.

Los planes, programas o proyectos que se concerten, elaboren y gestionen, deben permitir la apropiación regional de los niños y jóvenes, en especial, estudiantes de escuelas y colegios rurales; esto teniendo en cuenta que dicha población vive en su mayoría en condiciones de pobreza, por lo que se dedican desde muy pequeños a labores del campo y para poder acceder a la escuela, requieren de largas y extenuantes caminatas.

Por último, los planes, programas o proyectos que se concerten, elaboren y gestionen, deberán mitigar las escasas oportunidades laborales de las nuevas generaciones campesinas, evitando así que abandonen su tierra en busca de mejores ofertas, acrecentando en muchos casos los cinturones de miseria de las cabeceras municipales.

 


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