Las condiciones ventajosas en la red enmarcadas por el territorio, dependen también del desempeño de las organizaciones que la componen, pero más aún, de la manera en que se encuentran interconectadas. El transfondo entonces ya no es cómo fortalecemos organizaciones aisladas, sino cómo fortalecemos la Red en su conjunto.
Redacción Proyecto DFID
En
nuestra experiencia como agente de intervención y facilitación
de procesos en red, en este caso de la Red de Desarrollo Tecnológico
y Fortalecimiento Institucional para la Pequeña Producción
Agropecuaria, promovida por PRONATTA (1),
nos hemos encontrado con una serie de disyuntivas que han
afectado nuestro accionar y las estrategias que se han trazado
frente a este proceso. La primera de esas disyuntivas tiene
que ver con el dilema de la formalización de la Red;
la segunda, con los matices que adquiere la participación
en estos procesos; y la tercera, con la relación de
los dos primeros con el territorio.
¿Formalizar o no formalizar?
Por este dilema atraviesan muchas de las organizaciones sociales de tipo no gubernamental o comunitario, en particular aquellas que funcionan en el esquema de red. La formalización debe ser entendida como el ejercicio de adjudicarle requisitos jurídicos y legales a la Red, necesarios para otorgarle una personería jurídica en un contexto determinado. La formalización supone ventajas y desventajas.
En términos de gestión, la formalización más que una ventaja es una necesidad. Facilita por ejemplo la adquisición de recursos para proyectos conjuntos y otorga visibilidad desde espacios institucionales diferentes, es el caso de organismos de cooperación de tipo local nacional o internacional o con el mismo Estado, donde la formalización supondría, dependiendo del caso y la medida, la participación en el diseño y ejecución en políticas públicas.
La desventaja es que se trata de un proceso económicamente costoso que demanda cantidad de requisitos jurídicos y contables los cuales deben cumplirse una vez se realice. Sin embargo, éste no es el problema principal; las prácticas que conlleva la formalización pueden contraponerse a los principios generales del paradigma de la red: horizontalidad, espontaneidad o naturalidad de las relaciones entre los sujetos. La causa es que la formalización implica la tendencia, a veces inevitable, de burocratizar los procesos, crear jerarquías y romper complejidades, implantando estructuras rígidas basadas en normas o estatutos que a la larga, pueden dar al piso con procesos espontáneos de construcción colectiva.
En algunos casos formalizar la Red prematuramente conlleva, si los vínculos inter-organizacionales son débiles, a la extinción de la confianza, creencias e ideas compartidas y demás valores colectivos; primero entre las personas, y luego entre las organizaciones mismas. Es decir, puede acabar con la capacidad de autoorganización (2) y autoaprendizaje (3), insumos fundamentales en procesos de construcción social.
No se trata de descartar la formalización de los procesos en red. Sin embargo debe ser considerada en su justa dimensión, más como medio que como fin. Para tal efecto existen dos fases previas o por lo menos alternas en las que ha trabajado el Proyecto al menos de manera inconsciente, y que como propuesta pueden proveer de lineamientos que impidan que la formalización, como necesidad y ventaja, rompa con la naturalidad del proceso colectivo y las propiedades antes mencionadas. Estas son: intervención y oficialización.
No hay que olvidar en este sentido que la Red es un conjunto de relaciones entre actores que se benefician al pertenecer a ella. Desde el punto de vista de las organizaciones, las redes constituyen un vasto conjunto de oportunidades, también de restricciones a partir de las cuales las organizaciones definen sus opciones (Muñoz 1997).
Fase de Intervención
Los intercambios o relaciones entre las organizaciones preexisten a las intenciones y a la conciencia de esas organizaciones. Es decir, que ya existe un proceso en marcha, independiente de que los actores (organizaciones) se den cuenta.
La intervención, como su nombre lo indica, supone el ejercicio de intervenir dicho proceso, actividad que realiza un agente interventor que en nuestro caso el es Proyecto DFID.
La intervención es una fase por esencia de observación e interpretación de ese proceso relacional, para luego y desde ahí, realizar un mapa del estado de ese proceso, ubicarlo estructuralmente, y preguntarse luego por su densidad, contenidos, direcciones, frecuencias y canales utilizados por los actores en términos de conectividad.
Fase de Oficialización
Una vez superada la fase de intervención, viene la fase de oficialización, la cual es un hito en el tiempo y en el espacio donde se toma conciencia colectiva; donde los actores, en este caso las organizaciones, caen en cuenta sobre la existencia de su proceso en red, es decir de la existencia de un proceso inter-organizacional.
El agente interventor se encarga de socializar con los actores los resultados de la fase de intervención y mostrar las debilidades y potencialidades de éste, de la red. Es una fase participativa y democrática por esencia. Supondría en segunda instancia aspectos como la potencialización de los valores red (sobre los cuales hablaremos más adelante); la búsqueda o construcción de un lenguaje, objetivos y metas comunes (construcción de identidades); procurar que sea un proceso contínuo de reflexión colectiva en términos de qué queremos y qué no queremos. Es una fase de conceptualización principalmente.
Esta etapa de toma de conciencia y de conceptualización el DFID la ha trabajado en torno a los valores del Capital Social que son de índole relacional; promoviendo la confianza, la solidaridad y la cooperación, como base de los intercambios que tienen que ver con el fortalecimiento institucional y la transferencia de tecnología entre las organizaciones del sector agropecuario que tienen vínculos de pertenencia con la Red.
En este orden de ideas, la fase de formalización puede ser alterna a la de oficialización. Más aún, su momento puede darse como producto de un proceso decisional colectivo y conciente, donde el conjunto, una vez haya madurado sobre los aspectos y valores esenciales del trabajo en red, asuma responsablemente los costos de las decisiones que tome, reduciendo de esta manera posibles sensaciones de inestabilidad o fracaso y ante esto adoptar actitudes retroalimentadoras.
En el caso particular de la Red promovida por el PRONATTA, fue un proceso difícil por cuanto los vínculos inter-organizacionales se dieron en un ambiente competitivo, es decir, en el marco de la convocatoria por los recursos del Fondo de Cofinanciación. Aunque las organizaciones ya tenían vínculos entre sí, en algunos casos se debilitaron en pro de la competencia por los recursos, no solo del PRONATTA, sino de los diversos oferentes financiadores de programas y proyectos. No es que la competencia sea un factor negativo como tal, solo que mal entendida puede hacer perder la visión conjunta, el sentido de pertenencia y el imaginario colectivo.
En esas condiciones es muy difícil que los actores tomen conciencia de un proceso en red y se construyan valores relacionales como los del Capital Social. Esta es precisamente la labor del agente de intervención. Para ello han sido decisivas las actividades que ha promovido el Proyecto DFID en torno a la toma de conciencia de los procesos colectivos; es el caso de los talleres y foros de Capital Social, del papel de las organizaciones en el sector agropecuario, redes sociales, nuevas tecnologías; todas ellas encaminadas al fortalecimiento institucional. En este momento se realiza otra actividad transversal a estos propósitos como es la Especialización en Desarrollo Rural, convenio realizado con la Universidad Nacional de Colombia.
La
participación
En este contexto la participación adquiere, por lo menos en el ámbito regional, matices interesantes. El trabajo en red y la participación constituyen un permanente proceso de retroalimentación: sin participación no es posible un proceso red ideal, pero el proceso red a su vez dinamiza la participación ya que la moldea y precisa de la siguiente manera:
La participación se focaliza. Es decir, se pone en práctica en torno a asuntos concretos, inmediatos. En el caso de la Red se configura en torno a los problemas comunes de las organizaciones y sobre todo, a preocupaciones que tienen que ver con problemas locales o regionales y a propuestas e injerencia en políticas públicas para su solución.
Centrada en términos de conocimiento. Es una participación que no afecta generalidades sino que se especializa en los temas o campos que conciernen al grupo, a los intereses y objetivos de la Red. En nuestro caso, se ha encaminado a fortalecer las capacidades en gestión de las organizaciones a través de herramientas como la metodología de planeación prospectiva entre otras.
Contextualizada. No es una participación que se precipite en torno a cuestiones de alto nivel, a largo plazo o con esporádicos resultados difusos en el tiempo. Por el contrario, es una participación enmarcada en objetivos puntuales, fácilmente identificables y apropiables, dirigida a promover decisiones o cambios de comportamiento en otros actores claramente identificados. En el caso nuestro, ésta se dirige al cambio en el comportamiento inter-organizacional entre las organizaciones y el pequeño productor, y entre las organizaciones y el Estado.
Participación Estratégica. Este es un aspecto que no se cristaliza en la Red en el caso nuestro, pero en el cual se está trabajando conjuntamente. Sucede que la participación se encamina en el contexto configurado por las dinámicas de poder,recurriendo a la búsqueda de acuerdos y la conformación de alianzas en pro de intereses compartidos, aún cuando sólo sean coyunturales. Es una participación focalizada en lo micro, en lo local. Ayuda a efectuar cambios substanciales, sin intentar cambios significativos en el sistema. Esto pone sobre la mesa la tendencia de los grupos sociales a replantear sus modelos participativos desde formas de organización y gestión alternativas, por fuera de los modelos tradicionales como los cacicazgos políticos o el lobby marginal en los pasillos de las entidades del Estado. Lo anterior puede replantearnos automáticamente aspectos concernientes a los modelos de representación, incluso, a las instancias que tienen como fin ejercerla. Pero este sería un tema que justificaría por sí solo una ponencia y un trabajo exhaustivo.
El Territorio (**)
En la experiencia de intervención del DFID se encontró que la Red estaba, en términos formales, configurándose relativamente a partir de las divisiones geográficas dadas por las llamadas regiones naturales (Centro-Oriente, Costa Caribe, Orinoquía, Pacífico y Amazonía). Sin embargo, con el adelanto del proceso se presenta la tendencia a focalizar aún más esos espacios.
En el caso de Centro-Oriente, las organizaciones asentadas en el Huila, Tolima y Norte de Santander, adquirieron dinámicas independientes de la división inicial, es decir, se configuraron como nodos independientes que obedecen más a demandas departamentales que a regionales. De igual manera propende en la Amazonía, donde por razones de conectividad y reconocimiento mútuo entre las organizaciones, cada uno de sus departamentos adquiere dinámicas independientes.
Así en nuestro caso particular, la capacidad autoorganizativa se materializa a partir de la afinidad departamental, y es desde la consolidación de esas afinidades, que se puede pensar a un largo plazo y dependiendo de las condiciones del proceso, en una red de más amplia cobertura, por ejemplo una red nacional.
En este sentido, la clave del territorio radica en que el grado de cohesión de la Red es proporcional a las condiciones de cercanía, conectividad e identidad que éste provee. La primera ventaja que nos confieren las dinámicas en red es precisamente el reconocimiento recíproco de quienes comparten el entorno. En el caso de las organizaciones se potencia también el reconocimiento de la experiencia y fortalezas de cada una, donde poco a poco esas fortalezas se encaminan a la identificación y solución de los problemas comunes. Es decir que los procesos de oficialización de las redes son determinados también por las condiciones del territorio y a su vez, el control político y administrativo de ese territorio en términos de formalización, es quien provee a la red en primera instancia, de su sentido y luego de su personalidad jurídica.
En ese orden de ideas la participación de los actores adquiere las características antes mencionadas, pero enmarcadas en el contexto territorial.
A futuro se buscan ventajas desde el trabajo en red. Entre las más importantes están la de potenciar el desarrollo territorial desde su capital endógeno integrado por los capitales físico, humano y técnico, que no solo pueden servir en el ámbito de lo agropecuario sino también en lo concerniente a políticas de paz, encauzado a conjugar crecimiento con equidad social, territorial y sectorial buscando de esta manera condiciones de competitividad desde lo local, con la puesta en práctica de proyectos conjuntos, participativos y democráticos.
Estas condiciones ventajosas en la red enmarcadas por el territorio, dependen también del desempeño de las organizaciones que la componen, pero más aún, de la manera en que se encuentran interconectadas. Entonces lo que hay en el trasfondo ya no es cómo fortalecemos organizaciones aisladas, sino cómo fortalecemos la Red en su conjunto.
(*) Ponencia presentada en el Taller de Regionalización Amazónica, realizado el pasado 23 de septiembre en Florencia-Caquetá.
(1) Programa Nacional de Transferencia de Tecnología Agropecuaria.
(2) Por autoorganización entendemos la capacidad de los sistemas (organizaciones) para modificar sus estructuras cuando se producen cambios en el entorno, logrando un mayor nivel de complejidad durante su proceso, y potenciando sus posibilidades de supervivencia.
Dichos cambios al mismo tiempo que mantienen una estabilidad lograda con anterioridad, crean modalidades de organizacionales novedosas.
(3) El autoaprendizaje hace referencia a la capacidad de los sistemas para producir su propio conocimiento a partir de su experiencia, resistiendo, adaptando y subvirtiendo el conocimiento dominante. Los diversos aprendizajes que una persona realiza se potencian cuando son socialmente compartidos en procura de solucionar un problema común.
(**) Para efectos de este texto, podemos entender el territorio como el espacio geográfico reconocido como unidad de planificación y acción por los mismos actores del proceso de desarrollo local. Dicho reconocimiento puede fundarse en las características físico-biológicas del territorio (por ejemplo, una cuenca), en razones político administrativas (un municipio o una mancomunidad de municipios), en la identidad económica (una zona con una orientación productiva más o menos homogénea), en razones culturales (el espacio ocupado por una etnia), en la dotación de infraestructura (carreteras, riegos etc.), o en la acción colectiva entre diversos agentes u organizaciones con un propósito de desarrollo determinado (grupo de alcaldías que se unen para la administración conjunto de una misma fuente de agua para consumo de la población)... es un espacio reconocido como unidad de concertación, planificación y acción por los propios actores internos y externos. Esta definición la proporciona el Fondo Minka Chorlaví, en: (http://www.fondominkachorlavi.org).
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