Desde la Unidad Regional se impulsó una propuesta que consiguió integrar a más de 40 ONGs para elaborar una agenda por la vida en la Orinoquía, ejercicio que busca articular los esfuerzos de estas entidades con el propósito de generar hechos de paz en la región.
Enrique Galán Integrante Nodo Orinoquía
En la discusión sobre el desarrollo, uno de los puntos álgidos se refiere al equilibrio entre el papel del Estado y los gobiernos frente al rol de los civiles. Entre los dos polos de pensamiento que han predominado, el de los que preconizan la necesidad de un Estado grande, y los que desean un Estado pequeño pero fuerte, se ha colado una opción intermedia que plantea la combinación del trabajo oficial o estatal con el aporte del sector privado y todas sus ramificaciones.
La Constitución colombiana de 1886 no consideraba la posibilidad de una esfera de lo público no estatal. Ahora, con la C.N. del 91 al abrirse espacios a la participación ciudadana, se viene dando un fuerte crecimiento del número de entidades creadas dentro del espíritu sin ánimo de lucro.
El trabajo de la Fundación Social cita un estudio de la Fundación Interamericana, según el cual en ese año había en Colombia 5.436 ONGs del total de 11.787 de América Latina y el Caribe; es decir casi la mitad se encontraban en nuestro país.
Para el caso de la Orinoquía, la región no escapa a este fenómeno y cada día es mayor el número de organizaciones que se crean para intervenir en la esfera de lo público.
Aunque no tengo cifras actuales sobre la magnitud de tal crecimiento, mi experiencia como miembro de una ONG me permite visualizar la tendencia a ese crecimiento y la necesidad de estudiar con detalle cuál es la realidad de tal situación.
Lo cierto es que a partir de la implantación del Plan Colombia y todas las expectativas que suscitó el planteamiento de ejecutar parte de esos recursos a través de las ONGs, es evidente la aparición de muchas nuevas entidades, que nacieron para competir en el acceso a manejo de recursos de Empleo en Acción y otros programas del gobierno Pastrana.
Ahora, con las afirmaciones del Presidente Uribe de trabajar más con las ONGs como instrumentos para hacer más eficiente el gasto público, se avizora otra avalancha de creación de más organizaciones de este tipo. Sin embargo, el accionar de las ONGs en la región no es algo de coyuntura actual. En Casanare, Arauca y el Meta existen organizaciones con más de quince años de trabajo y son entidades de prestigio que han sabido mantenerse activas. En el siguiente punto menciono casos de este proceso, que sin duda contribuye a la creación de capital social en la región.

Hechos de paz
La unidad regional existe en la Orinoquía desde hace cerca de ocho años y como resultado del trabajo local, ha producido estudios sobre las prioridades ambientales regionales, ha participado en la discusión sobre las ecorregiones estratégicas, ha impulsado la implementación de procesos de fortalecimiento institucional de ONGs y, la capacitación de entidades para la formulación de muchos proyectos.
Desde esta unidad regional, se impulsó una propuesta que consiguió integrar a más de 40 ONGs para elaborar una agenda por la vida en la Orinoquía, ejercicio que busca articular los esfuerzos de estas entidades con el propósito de generar hechos de paz en la región.
Esta propuesta fue acogida por la Corporación autónoma regional CORPORINOQUIA y mediante convenio se efectuó el trabajo de formulación de la agenda.
Entre otros logros, ha permitido identificar que en la región existen cerca de 80 ONGs ambientalistas con distintos niveles de desarrollo.
Varias de ellas participaron en las discusiones locales sobre el ordenamiento territorial y hacen parte de los Consejos Territoriales de Planeación, pero el limitado acceso a los medios de comunicación es uno de los problemas a resolver, pues a pesar de las actividades desempeñadas cotidianamente, a la mayoría les falta difundir con más vigor sus acciones para que la sociedad regional conozca los resultados de sus trabajos. No basta poner el huevo, sino que también hay que cacarearlo.
Lo interesante es que se ha visibilizado un directorio de entidades que están trabajando en gestión ambiental urbana, en promoción de agroecosistemas, y en manejo de fauna y vida silvestre.
La encuesta sobre capacidad de gestión, efectuada a 34 ONGs, muestra que ellas aglutinan cerca de 450 personas, lo que da un promedio de casi 15 asociados por entidad. Entre las capacidades que ofrecen se destaca la experiencia en educación ambiental no formal, y la capacidad de ofrecer asistencia técnica para proyectos sostenibles en las microcuencas. Ellas constituyen una base social interesante para que CORPORINOQUIA y las demás autoridades ambientales locales las consideren como parte de la solución a los problemas ambientales.
El posicionamiento de este colectivo se traduce en que durante la reciente formulación del Plan de Gestión Ambiental Regional, la Red de ONGs fue la única instancia que se organizó para aportar al debate y varias de sus propuestas estratégicas fueron incluidas en la versión aprobada por el Consejo Directivo.
Otro caso de tejido social hecho por las ONGs surge a raíz de un proyecto de fortalecimiento institucional apoyado por Ecofondo en 1996, gracias a él las ONGs de Casanare crearon un medio de comunicación escrito llamado Red Vital, el cual propicia la posibilidad del encuentro para difundir quiénes son, qué hacen y cómo lo hacen con miras a conseguir visibilizarse y obtener el reconocimiento de las organizaciones populares y las comunidades locales. Se supone que estas son la base social ante quien deben rendir cuentas las ONGs.
Esta propuesta de comunicación ambiental, también ha llegado a las emisoras comunitarias de municipios, donde las ONGs acceden a la programación de emisiones relacionadas con cultura y medio ambiente.
Por supuesto, también es relevante mencionar la experiencia impulsada desde el Pronatta para construir una Red de Desarrollo Tecnológico y Fortalecimiento Institucional para la Pequeña Producción Agropecuaria. De esta nueva Red en la Orinoquía y Norte Amazónico, hacen parte muchas entidades públicas y privadas, y dentro de esta dinámica está participando un importante número de ONGs que han asumido roles fundamentales para el sostenimiento del proceso.
Ellas han participado en la ejecución de proyectos agropecuarios con pequeños productores, pues están en capacidad de asumir uniones temporales con universidades y con entidades como CORPOICA.
En buena medida, la dinámica de los distintos nodos de la Red en la región se apoya en la capacidad de las ONGs.
Finalmente, otro caso de tejido social es el caso de Arauca, donde a pesar de la gravedad del conflicto armado, las ONGs se han propuesto superar el divorcio con las OCBs y han constituido un escenario en busca del consenso sobre las prioridades de trabajo a contemplar en la definición de una agenda común. Ellas reconocen que necesitan más autonomía debido a que muchas de estas entidades, tiene vasos comunicantes con las redes del clientelismo.
El hecho de que existan ONGs y Organizaciones de Base tratando de estrechar lazos para buscar la solución a muchos de los problemas que afectan a la comunidad regional, es claro indicador del fenómeno de construcción de capital social en la Orinoquía, lo que denota que ya existe una cultura de prácticas cotidianas que permite impulsar los proyectos comunitarios.
El método de trabajo en redes, lleva implícita una regla de juego fundamental en la construcción del tejido, cual es la horizontalidad.
Los procesos mencionados trabajan sin jerarquías en el fortalecimiento de los colectivos para incidir en la toma de decisiones. Debido a su estilo de trabajo, su accionar tiene como soporte operativo el concurso de asociados voluntarios que están trabajando ad honorem.
La permanencia de sus medios de comunicación es otro indicador de que realmente sí existe un substrato apersonado de la necesidad de acercarse más con las comunidades para trabajar conjuntamente.
Finalmente, la construcción de confianza es el valor agregado más importante de estos procesos.
La posibilidad de tejer círculos de amistad donde el valor central que es la confianza no tiene precio.
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