EL MOLINO No. 8
El sonido del bosque
Cerca del final del tercer siglo Antes de Cristo, el rey
Ts'ao envió a su hijo, el príncipe T'ai al templo
a estudiar con el gran maestro Pan Ku. Porque el príncipe
T'ai sería el que sucedería a su padre como
rey. Pan Ku sería quien le enseñaría
las bases para ser un buen gobernante. Cuando el príncipe
llegó al templo, el maestro lo envió sólo
al bosque Ming-Li. Después de un año el príncipe
tenía que regresar al templo para describir los sonidos
del bosque.
Cuando el príncipe T'ai regresó, Pan Ku pidió
al niño que describiera todo lo que el había
podido escuchar. "Maestro", replicó el príncipe,
"yo he podido escuchar el canto de los búhos,
el susurro de las hojas, el vuelo de los insectos, el canto
de los grillos, el toque del pasto, el zumbido de las abejas
y el murmullo del viento.
Al concluir el príncipe su relato, el maestro le pidió
regresar al bosque a escuchar más allá de lo
que ya había escuchado. El príncipe estaba desconcertado
por lo que le pidió el maestro. ¿No habría
escuchado cada sonido realmente?
Día y noche, el joven príncipe permaneció
sentado sólo en el bosque escuchando. Pero el no percibió
otros sonidos de los que había oído. Entonces,
una mañana cuando el príncipe estaba sentado
en silencio bajo los árboles, el empezó a discernir
ligeros sonidos diferentes de aquellos escuchados antes. El
agudizó su oído y los sonidos comenzaron a ser
más claros. En ese momento tuvo una sensación
de lucidez que lo envolvía. "Estos deben ser los
sonidos que el maestro quería que yo escuchara",
él reflexionó.
Cuando el príncipe T'ai regresó al templo,
el maestro le preguntó que más había
escuchado. "Maestro", respondió el príncipe
reverentemente, Cuando yo escuche más de cerca, escuche
lo no escuchado "el sonido de las flores cuando abren,
el sonido del sol calentando la tierra y el sonido del pasto
cuando prueba el rocío de la mañana".
El maestro aprobó con la cabeza. "Escuchar lo
no escuchado" remarcó Pan Ku, "es una disciplina
necesaria para ser un buen gobernante. Solo cuando un gobernante
ha aprendido a escuchar con atención el corazón
de las personas, a escuchar sus sentimientos no comunicados,
el dolor no expresado, y demandas no habladas, puede él
esperar inspirar confianza en su gente. Entender cuando algo
está mal, y encontrar las verdaderas necesidades de
sus ciudadanos. La caída de los gobiernos sobreviene
cuando los líderes solo escuchan palabras superficiales
y no penetran profundamente en el alma de las personas para
escuchar sus verdaderas opiniones, sentimientos y deseos".
Publicación realizada por el Proyecto DFID Colombia
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