El dilema del prisionero ejemplifica el clásico conflicto
entre los intereses individuales y los colectivos de quienes
toman decisiones. Vamos a suponer que hay dos sospechosos
de haber cometido un delito, quienes son detenidos e interrogados
en celdas separadas. Las opciones de los prisioneros son:
Si ninguno confiesa, con base en las pruebas que acumuló
la policía, ambos irán a la cárcel por
un año.
Si sólo uno confiesa, y además colabora con
las autoridades saldrá libre, mientras que el otro,
por no colaborar, recibirá una sentencia de seis años.
Si ambos confiesan, la sentencia será de tres años para los dos.
De acuerdo con estas opciones, si cada uno analiza qué le conviene hacer para obtener el mayor beneficio individual posible, concluirá lo siguiente:
Si el otro no confesara, le convendría confesar, para salir libre en lugar de ir preso por un año.
Si el otro confesara, también le convendría
confesar, para lograr una rebaja en su pena e ir preso por
tres años en lugar de seis.
En consecuencia, independientemente de lo que pueda hacer
el otro, le convendría confesar.
Sin embargo, si se analizara el bienestar colectivo de la asociación para delinquir formada por los dos prisioneros, es decir, si se buscara cómo reducir al mínimo la suma del tiempo que podrían pasar en la cárcel sus dos integrantes, convendría que ninguno confesara, pues:
Si ambos confesaran, los dos irían presos tres años y su asociación sufriría un total de seis años de cárcel.
Si ninguno confesara, ambos terminarían presos por un año, con lo que el costo carcelario total ascendería a dos años, situación más conveniente para ambos.
Lo anterior se puede representar con una matriz de juego,
como muestra la figura, anotando como penas los años
de cárcel:
Si
ninguno confiesa las penas serán 1 + 1;
Si uno confiesa y el otro no serán 0 + 6 (ó 6 + 0 según cuál prisionero confiesa)
Si ambos confiesan 3 + 3.
El raciocinio individual los lleva a la posición de
equilibrio representada en las coordenadas de la matriz como
confiesa, confiesa, en la que cada uno purga en la cárcel
tres años, lo cual constituye, desde el punto de vista
de los prisioneros, una irracionalidad colectiva, pues ambos
estarían mejor guardando silencio.
En el dilema del prisionero hay implícita una ley de rebaja de la pena por confesión voluntaria.
Si no hubiera una reducción de penas por cooperar con la justicia y confesar, supusiera una deshonra para los individuos en su círculo social, desaparecería el incentivo para cooperar. Ello constituye un ejemplo de la importancia del sistema legal, que establece las reglas de juego. Las penas que resultan de las acciones de los individuos dependen de esas reglas. Un cambio de reglas modifica los incentivos individuales y altera la posición de equilibrio. Un resultado socialmente ineficiente, a veces, se puede cambiar con una reforma del marco legal.
Por
otro lado, además de las leyes formales, pueden existir
sanciones informales. Así por ejemplo, la mafia tiene
una forma de resolver el problema de coordinación entre
los prisioneros: instituyó castigos para los que violan
la ley del silencio, los cuales alteran las penas individuales
que se sintetizaron en la matriz. Si los castigos son suficientemente
altos, pueden llevar de la posición de equilibrio a
la posición en las coordenadas no confiesa, no confiesa,
que beneficia a ambos delincuentes.
Todos estas situaciones son opciones de juegos donde sus
resultados dependerán no solamente de lo que usted
haga sino también de lo que hagan todos los miembros
de la organización.
Esta lista le ayudará a verificar dónde está
usted en el escenario de juego:
¿Tiene usted una estrategia dominante? (es decir, una que sea buena para usted, no importa lo que hagan los demás). Si es así, úsela.
¿Hay otra clase de estrategia dominante? (esto es, una que será fatal para usted, no importa lo que hagan el resto de los miembros de la organización). Si es así, elimínela y reanalice el juego.
¿Está en medio de una estrategia de equilibrio? (o sea un resultado donde la acción de cada jugador es la mejor respuesta para las de los demás). Si es así, lo más probable es que la mayoría de los jugadores optarán por ella.
La primera norma para una estrategia acertada es tener una visión muy clara. Si usted hace un juicio o una elección equivocada de la visión y misión de su organización que en este caso es una organización delictiva estará expuesto a juzgar erróneamente la conducta de los miembros de la organización y no se culminara con éxito el objetivo propuesto desde el inicio.
Publicación realizada por el Proyecto DFID Colombia
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